COACHING EJECUTIVO

El rincón de las reflexiones: artículos

El Mapa no es el Territorio

abril 2022

La idea que subyace a esta expresión es que cada uno de nosotros, como seres humanos, tiene una comprensión fragmentada de la realidad debido a nuestras propias limitaciones, tanto en la recogida como en el procesamiento de la información.

Además, el hecho de que estemos en un momento y un espacio determinados hace que sólo tengamos una perspectiva subjetiva de lo que ocurre. Por lo tanto, diferentes personas tienen diferentes interpretaciones del mismo evento. Luego vienen todas las distorsiones y sesgos que se producen al procesar esta información.

La información del exterior llega al cerebro en forma de impulsos eléctricos, y es el cerebro el que tiene que descodificar esa información y generar una representación mental de una imagen, un sonido, un olor, una sensación o un sabor. En otras palabras, el cerebro no huele, oye, siente, ve o saborea. Sólo procesa la información. Además, para procesarla, utiliza muchos sistemas, algunos de ellos desarrollados a lo largo de años de experimentación con el mundo exterior y con la colaboración de varios sentidos.

Las experiencias previas y las ideas que tenemos sobre algo también condicionan lo que acabamos viendo. El cerebro recibe tanta información del mundo exterior que siempre que puede genera atajos para ahorrar energía.

Las implicaciones del hecho de que lo que percibimos es sólo una versión de lo que realmente ocurre se extienden tanto a la comunicación como a la gestión emocional.

Los conflictos se producen cuando ambas partes quieren tener razón o no se dan cuenta de que la tienen parcialmente.

 

Las mayores causas de sufrimiento provienen de pensar que el problema que tenemos es en sí mismo un problema, en lugar de comprender que es nuestra interpretación de lo que ocurre la que crea el problema.

 

                   «La percepción siempre intercede entre la realidad y nosotros mismos»

 

                                                                                                                                             René Magritte